05 febrero 2009

El concierto de Mogwai en el teatro Cervantes: ruidos, noise, tiempos muertos, sillas vacías que se llenan por arte de magia ...

No es costumbre de esta revista hacer crítica musical o de arte. Y así va a seguir siendo. Doctores tiene la iglesia de la prensa local (ese Castaños cuyo apellido tan adecuado es a lo que publica, por ejemplo) para mantener la crítica en el mismo sahumerio por el que no han pasado los años que median entre Ruskin y Derrida. Si la crítica es de parvulario, las instituciones culturales locales tampoco pretenden que su público preferido sea otra cosa que la población del kindergarten. Ya que el teatro Cervantes se propone hacer conciertos como el de Mogwai, quizás debiera plantearse algunos aspectos que no son aceptables para los espectadores adultos. Y otros que no son aceptables. Simplemente.

el esfuerzo económico que realiza el teatro Cervantes para traer esa otra música que se sale de los cauces comerciales convencionales es, seguro, muy grande. Todavía no se han hecho públicas las cifras, pero esta clase de programación no es barata, y mucho menos si la contratación se realiza a través de una agencia. Resulta imposible hacer una comparativa de cuánto paga el Cervantes y cuánto se paga en otros lugares en España por un concierto dentro de la misma gira. Estaría bien que las empresas de representación supieran que cuando contratan con una empresa pública, deben hacerlo con la máxima transparencia. Éste es otro de esos puntos oscuros del Cervantes (aunque no es el único teatro público en España que lo tiene).

EN lo que se refiere a otro aspecto fundamental de la programación, hay que señalar la fecha. teatrocervantes.20.07.06.jpgEl Cervantes siempre programa sus conciertos de músicas pop, rock y géneros afines o derivados en lunes y martes. Es evidente que los managers de los grupos reservan los fines de semana de las giras para las grandes ciudades o para otras que saben gestionar mejor sus fechas. En el concierto de Mogwai, como en otras ocasiones, al comienzo de la sesión había numerosas butacas vacías. ¿Hay relación entre el día de la semana y la asistencia de público? Sí, la hay. Como la hay con el precio de las entradas. El Cervantes programa mal y caro, y eso repercute en la asistencia de público. Y luego queda asistir al concierto que, en ocasiones, es como ver muertos; y, en otras, acordarse de ellos.

lA noche del 3 de febrero comenzó con un grupo de jóvenes teloneros que hicieron un set de unos 40 minutos. Seguramente no fue deliberado, pero la organización sólo escribió su nombre en un cartel en el exterior de la sala. Ni en los programas de mano, ni en la página web. Los cuatro chicos de The Errors merecieron más respeto. Mogwai les agradeció su trabajo en su despedida, llamándoles ‘buddies’. También lo merecieron los espectadores, que nunca supieron por parte del teatro quiénes eran los teloneros, pero aún les quedaba la puntilla, a ambos. Acabada la primera canción, y como siempre, los responsables del teatro bajaron de otras plantas de la sala a parte del público para rellenar los huecos en el patio de butacas. El revuelo de gente en los pasillos, grupos levantándose, ruidos, voces y movimiento en general retrotrajo al público a los años de guardería, y al grupo a las sesiones en los pubs. A pesar de la larga tradición de esta práctica, y la costumbre que los súbditos locales tienen de ser avasallados, no se puede evitar la sensación de estafa: quien haya pagado por su plaza en el patio el precio que el teatro le pedía, también ha costeado la parte de diferencia que le toque de quienes hayan pagado la plaza en el gallinero y vean el espectáculo desde el patio. Además de sufrir la interrupción y la incomodidad, debe pagar incluso el doble que otros que el teatro baja a su ladito por la cara. Para que no parezca que el teatro está medio vacío.

si el Cervantes no es capaz de llenar su patio de butacas (alrededor de 400teatro_cervantes.jpg plazas) con un concierto de Mogwai, la solución no es llenarlo con gente que no ha pagado por hacerlo, sino plantearse otras estrategias. ¿En Málaga hay más de 400 personas que conocen y aprecian a Mogwai los suficiente como para pagar 24 euros y dispuesta a salir una noche desapacible de martes? ¿Cuántas están convencidas? ¿A cuántas hay que atraer, seducir, convencer? ¿Cómo? Desde luego, no a costa de quienes ya estaban dispuestas a hacerlo de antemano, que además deben sufrir el trasvase del paraíso al patio, convirtiendo todo el teatro en gallinero.

LOS Errors hicieron un concierto de unos cuarenta minutos. Después hubo un entreacto de otros cuarenta minutos. Y después entró Mogwai. Fue una vuelta a los primeros festivales de rock en los años de la transición, cuando se hacían los primeros macrofestivales y el personal debía esperar una hora entre grupo y grupo. Pero poco a poco la cosa fue evolucionando. Hoy día es impensable que haya una pausa de esa duración en un concierto cualquiera, pero aún más en un teatro, donde la infraestructura altamente especializada para espectáculos neutraliza este tipo de incomodidades para el espectador. Fue chocante ver a los teloneros retirando sus propios instrumentos (ni a eso tuvieron derecho), pero más aún comprobar la cantidad de elementos sin instalar que quedaba. Si el escenario del Cervantes no tiene capacidad para que los dos grupos tocaran sin un intermedio tan extenso, tendría que haber puesto condiciones. Como es habitual, nadie pensó en esto. Total, es público de rock, una panda de botarates (los había, sí, pero eran minoría). Por otra parte, los técnicos hicieron el cambio en poco más de un cuarto de hora; el resto del tiempo el escenario estuvo vacío.

Luego llegó Mogwai. Gran sonido, capacidad instrumental, desarrollo calculado, lirismo noise y referencias cultas, en fin, todo eso que se espera y no sorprende de un grupo que hace ya mucho tiempo que abandonó la etiqueta de ‘difficult music’. El público finalmente demostró un respeto reverencial, como si fuesen asistentes a un concierto de arpa. Qué pena que el teatro Cervantes no lograse estar a la altura de sus clientes.

OPINIÓN. La Provincia del Paraíso.
Por el Colectivo Eloy Herrera Pino para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com estuvo allí.